Sandra Aravena Cuentera

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lunes, 25 de julio de 2011

CUENTO "Manuel, el de la Victoria"

por Sandra Aravena
En los Andes, Chile

Hizo una seña. Acababa de recoger pasajeros, asunto que lo ponía feliz, muy feliz. Pronto llegaba la Navidad, las fiestas de recibimiento del nuevo año. Estos pasajeros eran, sin duda ángeles casi caídos del cielo. Él, un viejo moreno, delgado, con pocos dientes en su sonrisa, de cabello blanco, pero cubierto por un sombrero que seguramente lo obtuvo en alguna apuesta, o tal vez se lo regalaron, pero hace mucho tiempo. Mucho tiempo.

Nada era más decidor que esa seña.

Los pasajeros, dos extranjeros, muy jóvenes.

La carreta, o Victoria como se llaman en mi pueblo, estaba con solo el intento de estar buen cuidada. El caballo estaba flaco, blanco era su color natural , pero en apariencia grisáceo. Daba la impresión que en cualquier momento las ruedas de la Victoria saldrían rodando por su propio camino, sin respetar a Manuel, que las conducía, ni al equino y el peso que caería sobre su lomo si esto ocurriera. Misteriosamente, esas ruedas no se separaban de su desequilibrado eje. Seguramente algún alambre oxidado, o un clavo que dejara caer un camión, o con una pita de cualquier color o material . el hombre ni puede arriesgar a sus pasajeros; uno nunca sabe cuándo ángeles caerán en nuestro camino, y el hombre sí que era prevenido.
Por eso mismo aseguraba cada manara cada rueda, cada asiento, y con lo que podría, la limpiaba. Muchas veces ni siquiera él mismo se aseaba. No era necesario. La Victoria era mucho más importante que él.

Estos ángeles se acercaron como volando hacia él. Justo en el momento que hacía gestos de incomodidad sobre la carreta y pensaba en bajarse, sentarse en algún paradero de buses donde pasa la locomoción para ir a la capital, o en la cuneta, simplemente.

Ahí estaban sus amigos. Era el lugar preciso además, porque hacía mucho calor. Y estar al sol era insoportable. Al menos un poco de sombra. No sólo para él, sino que para Manolito Blanco, su caballo. A ver si Manolito Blanco conseguía un poco de comida, estaba flaco, medio desnutrido. Los amigos de Manuel le daban comida a Manolo. Es bueno tener amigos, esos amigos, Manuel lo sabía.

Y como volando los ángeles habían  llegado a interrumpir esas intenciones, y el sol apuntando fuerte en la espalda.

El trato fue rápido. Se transó el precio, no se escuchó cuánto. Manuel solo reflejaba por sus ojos un brillo particular, como entre esperanza, cansancio. Entre que se apaga y se enciende. Tal vez eso que sienten los obreros cuando consiguen lo que anhelan, lo que necesitan. Esa mezcla que se profundiza con el calor, el aire tibio, la quietud de esa hora del día.

Tal vez así había pretexto para pensar qué hacer con esos pesitos conseguidos: una comidita rica para esperar el nuevo año. O un hermoso ramo de flores para su mujer que siempre espera en su lecho, donde está eternamente dormida. De esas flores que tanto le gustaban, para hacerla feliz. Hortensias, o rosas, o crisantemos rojos, ¡esos sí que le gustaban!. Además no son tan caros. Podría quedar algo para ropa nueva, en el almacén de puertas azules. Hace tiempo que no se compra ropita “nueva”. ¿Pantalones, Zapatos, Camisa?

Esa última idea la desechó. Ropa tiene. Poca, pero tiene lo suficiente para trabajar combinadito. No estará nueva, pero los años de uso la cargan de emotividad.

Ahora, si es por gastar esos pesitos, algo para compartir con los amigos no estaba nada de mal. Ellos al fin y al cabo, le ayudan en su trabajo y a alimentar a Manolito Blanco, su única compañía en medio de tanto calor y sequedad, como en mi pueblo.

Muchos pensamientos en tan pocos segundos. Los extranjeros no lo notaron.

De pronto, sintió la mirada de Manolito Blanco. Esa mirada que le decía que ya era hora de partir y de dar lo mejor de cada uno. Sí, ese era el mensaje que el gris equino hacía volar con su mirada y que solo Manuel comprendía, y ´perfectamente. Se escuchó el palmetazo tierno en el lomo del caballo, de complicidad. Todos los ojos brillaban. El caballo hizo girar su cabeza, dos y tres veces.

Lo ángeles se acomodaron en los asientos de la Victoria. Subir y acomodarse les costaba mucho, eran torpes. Es que no eran de esa tierra, seguro que venían de lejos. Con una sonrisa interna y gentil y precavidamente, Manuel se bajó de su trono y terminó por acomodarlos. No debía ser tan difícil, pensó.
Sonrió para afuera, con satisfacción de comenzar una nueva ruta y un nuevo viaje. Al fin, había ayudado a los ángeles que habían caído en el camino. Eso lo hacía experto en su materia, y más aún sobre su Victoria, con las riendas en sus manos, volando con sus pasajeros.

Otro pensamiento se vino, casi una decisión. Esos pesitos serían divididos en la mitad. Ya no había vuelta que darle. Con la primera mitad, compraría todos  los crisantemos rojos que alcanzara, con ellos haría feliz a su mujer hermosa. Cuando se los dejara en su lecho además le contaría alguna historia, para sentirla un poco más cerca. Con la otra mitad, compraría algo para Manolito Blanco. Herraduras o “Zapatos nuevos”, decía para sí, o un cepillo para caballos, a ver si podía limpiarlo más seguido, hacerle unos cariñitos. A Manolito Blanco le gustaba eso -¡Cómo le gustaba!- de recibir caricias, era como sentirse en familia.

Sentado en su trono, en la Victoria, los pasajeros bien sentados,, su sombrero cubriéndole el rostro del sol. Manuel hizo un movimiento con sus brazos, las riendas golpearon suavemente el lomo de Manolito Blanco. El caballo partió, cómplice.

Miró a su lado, estaban ahí sus amigos. Les lanzó una sonrisa brillosa, como sus ojos.
Hizo una señal. Tenía asegurados los crisantemos para su mujer amada, y los zapatos nuevos para Manolito Blanco. El calor ya no importaba. Tres Luquitas estaba bien para cobrarle a un extranjero.

Era el comienzo de un nuevo camino, un nuevo viaje. Esta vez, con dos ángeles tras de él. Había que ser precavido, sobre todo después de tanto tiempo. Nunca se sabe cuándo los ángeles caerán del cielo y se cruzarán en nuestro camino.


martes, 17 de mayo de 2011

CUENTO!! "Las Máscaras Hablaban"

 (Por: Sandra Aravena)

Ella tenía nombre de color... o de una flor... o de una flor de color...

En sus pies llevaba el largo camino que se recorre en los extensos y verdosos campos del sur de mi largo y angosto país, brillaba el silencio de grillos, pájaros, maderas, soledades y mucho desamor. Llevaba el quinto viaje en el empeine, el quinto viaje de un alma solitaria y oculta entre álamos y preciosos canelos. Llevaba en cada dedo, en cada uña, un atisbo de posesiones desposeídas, la suciedad de las almas que nacen para crear mucho más que canciones...

En su ombligo traía una virginidad extraña, inocente, perdida...
En sus manos llevaba y cargaba misterios, creación, una poco de guitarras, un poco de melodías, otro poco de cabellos sueltos y pajosos al viento, una pizca de cebollas y uvas. Llevaba una hermosa guitarra y la sabiduría de un pueblo campesino, atravesado por las insaciables ganas de crear...

A ella la llamaban Violeta... Violeta Parra.

Dentro de sus manos estaba dormida la máscara que tiempo después, tal vez en el mismo quinto viaje, le hablaría...

Era el amanecer de un día en un mes y un año no cualquiera. En un lugar extraño de idiomas, y de suspirosas lenguas gargareantes de sonidos amorosos.
A la que llamaban Violeta se le puso una idea en la mente y en las manos. Se le puso la idea que venía de una máscara que ya le hablaba. Era la máscara más chillona de todas, la tendenciosa... la máscara tendenciosa...

Temprano, bien temprano, recorrió las calles angostas de una ciudad desconocida. Buscaba cartones, cartoncitos, corrugados, lisos, de colores o simplemente cafecitos bien bien claros...

Buscaba (porque tan extraña era la ciudad, que todo lo que fuera necesario, se buscaba entre las calles, basureros... en las casas de los nuevos y viejos amigos...) una tinaja sin orificios ni hoyos ni huecos, ojalá de greda, aunque era difícil tan lejos de la tierra de las gredas fáciles. Una tinaja donde poder vaciar toda el agua del mundo y no cayera fuera de ella ni una sola gota, que podía significar un mar infinito...

Buscaba un pegamento blanco, acuoso pero espeso, ligero de peso, que dejara que el agua le atravesara hasta el espíritu sin reclamos, que le permitiera a sus manos dejar libre la voz, las voces de las máscaras que hablaban...

En el camino, recogió cartones, cartoncitos, corrugados, lisos, de colores y simplemente cafecitos bien bien claros... eran tantos que uno sobre otro formaban una montaña ante sus ojos, lo que le causó varios tropezones, caídas, torceduras, desvíos en el camino de continuar buscando...

Por ahí halló la tinaja de lata. No era de greda, pero no tenía agujeros, hoyos ni orificios. Cabía toda el agua del mundo en su interior...Un poco más allá, cerca del museo de la ciudad, encontró el pegamento que le hacía falta.

Había recorrido buena parte del sur de la ciudad, del centro al sur.
Era la hora de volver a esa habitación que guardaba de arpilleras bordadas con cuerpos y semblantes, rostros y manos y pies deformados por la aguja y el grueso de los hilos. Volver a la habitación que pronto sería la cuna de los deseos de tantas máscaras...

En la tinaja puso un poco de cartones, pero solo la parte más delgada del cartón. Las otras partes, esperaron a que se terminara la mezcla perfecta. Luego agregó a la tinaja agua, un montón de pegamento blanco, Cola Fría, un poco de sal para que la mezcla resultara perfecta.... con sus manos llenas de creación mezclaba, mientras su canto brotaba, y hablaba de la machi, de los desamores, de tantas maldiciones que se ocupaban del mundo, y que ella cantaba a mil voces, como si fuera una sola.

La mezcla resultaba, solo faltaba un poco más de agua. Otro poco de sal, un poquito más de Cola Fría. Nuevamente sus manos mezclaban, y el canto.... ¡¡Qué hermoso era el canto de la Violeta mientras mezclaba los maravillosos ingredientes!!.... ya estaba. Estaba listo papel maché...

Comenzaba entonces a hacer máscaras. Con sus manos llevaba a la masa el recuerdo de tantos rostros, de tantas caras que había visto en su vida de flores y campo. Allí estaba viviendo con los suyos... algún amante tal vez, o sobrinos, madre, o vecinas... cerraba sus ojos, la Violeta, y allí entonces comenzaba a pulir con sus manos los perfectos rostros. Perfectos, parecía incluso que tenían un poco de alma, otro poco de espíritu... parecía que además tenían un poco del canto de la Violeta.... porque ¡¡Cantaban!!.

Una de ellas, la máscara del rostro de su madre, cantaba la plegaria a un Dios lejano e infinito. La otra le seguía, era la de uno de sus hermanos, y oraba, gritada adorando a una Virgen maravillosa que habría conocido por allá, en el campo chileno. Una de ellas, la que tenía más grandes los pómulos, era la tendenciosa. La máscara tendenciosa.

Desde un comienzo, la tendenciosa le preguntaba cosas. ¿Por qué mis pómulos son tan grandes? Y mientras las otras dos máscaras rezaban a Dioses y vírgenes. Ella prefería conversar con la Violeta. ¿Por qué mi nariz en tan pequeña? ¿Por qué tus manos son tan dulces y prolijas? ¿Por qué cantas mientras me pules?... no se callaba nunca. No callaba y Violeta le respondía a todo con serenidad... porque así me gustas, porque así te quiero, porque con el canto voy por la vida, porque tu alma ha encontrado un espacio donde vivir, una máscara hermosa....

Las pintaba de colores hermosos. La tendenciosa entonces, se dio cuenta que la Violeta además pintaba de mil maravillas. Las máscaras oradoras oraban. Oraban. Oraba y oraban. Las plegarias parecían eternas, y la Violeta solo respondía con un respetuoso “Amén”, a la par que le respondía a la tendenciosa, a la preguntona...
Cuando llegó el momento de pintar a la máscara tendenciosa, la Violeta escuchó un llanto tímido. Sí, claro, era la máscara la que lloraba disimuladamente por la dicha que tenía de haber visto las arpilleras en la pared blanca de la habitación, por haber escuchado cantar de machis, desamores, brillos, maldiciones.... Lloraba porque no soportaba la emoción...

La Violeta decidió, entonces, pintarla del color de la melancolía... Para eso mezcló el verde musgo con un poco de gris...le puso unos puntitos de color café cartón, para recordar la materia prima de la máscara, y luego, las cejas fueron negras. La pintura se corría por las lágrimas de la tendenciosa. Finalmente las lágrimas se secaron con la pintura y quedaron estampadas hasta siempre en el rostro de la tendenciosa, se quedaron petrificadas, la Violeta no tuvo más remedio que dejarlas allí...

En un largo silencio, tal vez el único, la Violeta no cantaba, las máscaras no rezaban, la tendenciosa no preguntaba.... una última pregunta fue necesaria: ¿Violeta, con que arte te quedarías si tuvieses que escoger uno: con las máscaras, con la pintura o con la música?... la Violeta miro hacia al cielo, como alzando una nueva plegaria, o tal vez un nuevo canto, junto sus manos en el pecho. Acarició lentamente el rostro de la tendenciosa. Su voz se hizo sonrisa y finalmente dijo
“yo... yo me quedo con la gente, con el pueblo... porque es el pueblo el que me permite hacer todo arte...”

La máscara tendenciosa lloró. No tenía brazos para abrazarla. Pero un beso cálido salió de sus labios y dejándose morir agradeció la vida y la muerte, por el pueblo, a la Violeta, nombre de fruta, nombre de color.... nombre de fruta de color...




miércoles, 6 de abril de 2011

Conmemorar el Día de Libro con Espectáculos de Cuentería

Cuentan que celebramos porque hace casi 100 años, los hombres de un lugar lejano regalaban rosas a sus amantes, y ellas devolvía el acto romántico con un libro. Rosa por libro. Libro por rosa.

Otros cuentan que Miguel de Cervantes, el autor de tanta quijotada quijotezca, murió ese día, también en algún lugar muy lejano. 

En otro lugar, lejano también (ni que esto fuera cuento) murió también William Shakespeare. Y más allá… Garcilaso de la Vega. Tres escritores mueren en un mismo día. 

Mi imaginación comienza a volar sobre posibles titulares de periódicos, sensacionalismos habituales en estos días (tan extraños, recovecudos, posmodernos), así, como jugando a la proyección de la historia. 

Lo concreto es que hoy un centenar de años después, celebramos…

Celebramos porque en el libro hay mundos por descubrir, que aportan a la re-creación de nuestro propio mundo, porque entre letras, sílabas, palabras, oraciones la fantasía pasa a ser lo más importante. La imaginación, el ensueño, la fantasía se apoderan de los presentes y, por qué no, de los futuros.
El libro es un mundo infinito. Lleno de emociones conocidas y desconocidas. Repleto de paisajes desconocidos y personajes de todas las formas, más allá de lo imaginable. Personajes maravillosos, extraños, cotidianos. Un mundo copado de aprendizajes para la vida.

El arte de la Cuentería cabe en este sentido. Apoyar el gusto, el incentivo y la motivación por la lectura es un desafío que tenemos entre todos. Desde el arte, no podemos quedarnos ajenos a todas estas dificultades sociales, educativas. El arte ha de comprometerse con estos asuntos.

Por ello, se propone celebrar este día del libro con espectáculos de Cuentería. En colegios, escuelas, liceos, instituciones de todo tipo. Porque además de aportar en el proceso de fomento de la lectura, se da la posibilidad de disfrutar un buen espectáculo escénico, de gran nivel y con historias seleccionadas para las particularidades de cada grupo.

¿Dónde? Se ofrece espectáculos en la región de Valparaíso completita.

Si quieres preguntar por estas presentaciones, contáctate con Sandra Aravena en el mail negra_curiche@yahoo.es

Un abrazo cuentero.
Sandra.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Miércoles 30 de Marzo. Espectáculos "Cuentos Claros Conservar la Amistad", con Coté Rivara, Paty Mix y Sandra Aravena



Este Miércoles 30 iniciamos el Ciclo de Cuentería "Valparaíso es un Cuento", que es la entrada para el "Encuentro Internacional de Cuenter@s, Escritor@s, Ilustrador@s y Otros Seres Mitológicos", que realizaremos durante el mes de Octubre.

El inicio estará a cargo de tres Cuenteras, tres voces, tres susurros, tres estilos, tres mujeres.

Coté Rivara, Paty Mix y Sandra Aravena presentan:

"Cuentos Claros Conservan la Amistad", un espectáculo cargado de inicio, de juegos, de aventuras...

El Miércoles 30 la cita es a las 21 horas, en "La Tertulia" (Esmeralda 1083, Valparaíso).
La Adhesión es de $2.000 y estudiantes y tercera Edad 2 x 1.

Una cita con la magia, la palabra, los cuentos y... por supuesto.... con "Valparaíso es un cuento"

Les esperamos.... Un abrazo cuentero...

Sandra Cuentera.

No olviden comunicarse en este blog o en valparaisoesuncuento@gmail.com

lunes, 7 de febrero de 2011

Encuentro Internacional "Valparaíso es un Cuento"

Con inmensa felicidad les comunicamos que ya nos encontramos trabajando para que, en Octubre de 2011, contemos con la hermosa presencia de Cuenter@s, Escritor@s, Ilustrador@s y otr@s seres mitológicos en la Región de Valparaíso.

Este Encuentro Internacional es un evento cultural, artístico, educativo y social, y se desarrollará entre el 10 de Octubre del presente, hasta el 03 de Noviembre.

Vendrán desde Francia, Brasil, Colombia, España.... Desde nuestras tierras largas y angostas también tendremos a colegas de la palabra compartiendo sus sueños, enterezas, palabras, imágenes, historias, cuentos...

Prontamente, cuando se tenga más certeza, les contaré nombres y apellidos de l@s invitad@s.

SALUD POR ESO!

Sandra Cuentera.

les dejo el contacto, porsilasmoscas: valparaisoesuncuento@gmail.com (o bien a mi correo, blog, facebook, etc)